Diago:
Aquellas piezas infinitamente hermosas ahora deben ser vendidas: cuadros, muebles, paredes; el hogar de los Charlerianos y hasta los malditos espejos que recuerdan cuando me fui. Oh, Diago! Despertad de este sueño no ha logrado controlar mis eternas lágrimas.
Charleroy, mi hermoso rompecabezas de 3600 piezas, quedó destruido. Mi preciada pieza ha sido destruida y entonces todo ha quedado en ruinas.
Sí, el cielo es azul, a veces gris; el sol calienta mi piel, aunque la brisa fría a veces llegue. Cómo podría alejadme de éste, mi único hogar, el lugar en donde yo, con mi infinita ingenuidad, he crecido con la eterna ilusión de ser una hermosa princesa de cabellos dorados?
Cómo dejar en manos de otros este reino, que aunque en ruinas está, sigue siendo mi hogar. Donde reposan los mas vívidos recuerdos de lo hermoso que llegó a ser Charleroy.
Oh, Diago! Que difícil es construir otro rompecabezas. Ahora parece que tienen 3600 piezas mas y ninguna de ellas es preciosa. Y entonces recuerdo que nos han obligado a destruid recuerdos, vuestros reinos... para construir otro.
Será posible?
Estela.
sábado, 30 de junio de 2012
Marelle 7 / Rayuela 7 . Cortázar
Je touche tes lèvres, je touche d'un doigt le bord de tes lèvres, je dessine ta bouche comme si elle naissait de ma main, comme si elle s'entrouvrait pour la première fois, et il me suffit de fermer les yeux pour tout défaire et tout recommencer, je fais naître chaque fois la bouche que je désire, la bouche que ma main choisit et qu'elle dessine sur ton visage, une bouche choisie entre toutes, choisie par moi avec une souveraine liberté pour la dessiner de ma main sur ton visage et qui, par un hasard que je ne cherche pas à comprendre, coïncide exactement avec ta bouche qui sourit sous la bouche que ma main te dessine.
Tu me regardes, tu me regardes de tout près, tu me regardes de plus en plus près, nous jouons au cyclope, nos yeux grandissent, se rejoignent, se superposent, et les cyclopes se regardent, respirent confondus, les bouches se rencontrent, luttent tièdes avec leurs lèvres, appuyant à peine la langue sur les dents, jouant dans leur enceinte où va et vient un air pesant dans un silence et un parfum ancien. Alors mes mains s'enfoncent dans tes cheveux, caressent lentement la profondeur de tes cheveux, tandis que nous nous embrassons comme si nous avions la bouche pleine de fleurs ou de poissons, de mouvements vivants, de senteur profonde. Et si nous nous mordons, la douleur est douce et si nous sombrons dans nos haleines mêlées en une brève et terrible noyade, cette mort instantanée est belle. Et il y a une seule salive et une seule saveur de fruit mûr, et je te sens trembler contre moi comme une lune dans l'eau.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
PD: Se oye mejor en Francés ...
domingo, 24 de junio de 2012
martes, 19 de junio de 2012
Sombra
La sombra siempre ha sido enemiga de la luz; es de suponer que la sombra quedaría ciega ante semejante resplandor. Quizás hay un pacto de eterna alianza por conocerse íntimamente la una a la otra. Ellas saben que una es débil, la otra fuerte.
Y entonces existe una alianza que abraza los intensos miedos a morir. La sombra, cuan dañina mancha, logra vivir del temor de la luz.
Mira cuan grande se convirtió la luz: es poderosa, es divina. Y es así como pueden temer las horas al movimiento de sus pies. Al tic-toc de su melodía.
La sombra persigue a los ilusos, persigue a la noche y a los miedos. La luz habla con ella y le pregunta por la mañana. No. No hay mañana.
Está aquí. Está allá. Como la indeseable cadena de recuerdos que impiden que llegue la mañana. Lo impiden las horas que corren, lo impiden los pies que no avanzan....
Eterna luz, eterna sombra; ahí estoy, en el medio de ellas dos, presenciando la belleza del baile de la paciencia con la resignación. De lo imborrable y del dolor.
sábado, 2 de junio de 2012
Gotye - Somebody That I Used To Know
Now and then I think of when we were together
Like when you said you felt so happy you could die
Told myself that you were right for me
But felt so lonely in your company
But that was love and it's an ache I still remember
You can get addicted to a certain kind of sadness
Like resignation to the end
Always the end
So when we found that we could not make sense
Well you said that we would still be friends
But I'll admit that I was glad that it was over
But you didn't have to cut me off
Make out like it never happened
And that we were nothing
And I don't even need your love
But you treat me like a stranger
And that feels so rough
You didn't have to stoop so low
Have your friends collect your records
And then change your number
I guess that I don't need that though
Now you're just somebody that I used to know
Now and then I think of all the times you screwed me over
But had me believing it was always something that I'd done
And I don't wanna live that way
Reading into every word you say
You said that you could let it go
And I wouldn't catch you hung up on somebody that you used to know...
But you didn't have to cut me off
Make out like it never happened
And that we were nothing
And I don't even need your love
But you treat me like a stranger
And that feels so rough
You didn't have to stoop so low
Have your friends collect your records
And then change your number
I guess that I don't need that though
Now you're just somebody that I used to know
Somebody...
I used to know
That I used to know
Somebody...
Now you're just somebody that I used to know
lunes, 28 de mayo de 2012
Sobre Estela (Parte Última -quizás-)
Oh, Estela! Nadie te habló de como la primavera impregnaría tus huesos, de como la lluvia vendría, porque no solo se vive en invierno. Dime entonces: Cómo te sientes ahora con la inconstante calma de ver ir y venir el tiempo, cuando ya las horas no solo son tercia? Te inquieta estar en un mundo en donde nunca habías habitado, por orgullo.
Verano, adorado verano. Estaba allí el día que naciste en Charleroy, estuvo allí hasta que el invierno llegó. Fue cuando el frío anunció su llegada que supiste lo valioso del sol. Y te aferraste, lo adoraste y trataste de mantenerlo vivo. Y se apagó.
Nada podías hacer, Estela. Es hora de dejar que las cenizas se esparzan en el viento y que sea el tiempo quien disfrute del sol.
Estela, estas dormida en el desconcertante sueño de la vida. No veas atrás. No vuelvas a despertar. No llores mas!
Mira! Ve lo que queda de tu reino y lo que hay en otros. Oh, Estela! No llores por aquello que no puedes cambiar. No llores al ver tus cabellos, que no son dorados; tus vestidos, que no son cocidos con finos hilos; tu piel, llena de cicatrices y escamas. No, Estela. No eres una princesa.
Mira a tu alrededor! Mira a aquellas que sí lo son. Cómo te crees capaz de llevar ese título? Si el mismo está lleno de infinita ingenuidad y tú, Estela, no la tienes. Si ese título se baña de grandeza y tú, Estela, de eso careces. Oh, Estela! Quita la flor que llevas en los cabellos y duerme para siempre, porque nunca fuiste digna de que se posara sobre ti la luz que brota de Diago.
Mira el viento, la lluvia, el sol, la calma y la tormenta. Eso es primavera. Eterna primavera en la que tendrás que vivir. Sin reino, sin oro, sin grandeza ni privilegios. Solo eres tú, sola en el camino junto a Lewis, que reposa a un lado contemplando tu sueño.
Oh, Estela! Qué triste se pone mi alma al ver tu destino. Pudo ser mil veces mejor, pero tú. Tú, Estela. Dejaste que las horas pasaran y nada hiciste para que valieran las campanadas y ahora de nada sirve tratar de reponer los errores. Oh, Estela. Solo eres una pequeña niña en busca de una corona, de un reino; de una vida que no mereces.
Oh, Lewis!! ...
lunes, 21 de mayo de 2012
Sobre Charleroy (Parte I)
En un principio el reino de Charleroy era el hogar de los mas nobles habitantes, la alegría coexistió con las tempestades que sin previo aviso llegaron, pero aun así todos sentían que la vida era tranquila y llena de paz.
La construcción de las calles y casas se rigieron por los mismos planos, la simetría era casi perfecta de no ser por los inconstantes caprichos de cada dueño de hacer único su espacio. Las paredes de cada esquina se decoraron con espejos. Malditos espejos que reflejaban la multitud detrás de cada individuo, haciendo que aquel que se parara frente a él se llenara de duda en cuanto la existencia de sí mismo, la complejidad de su ser y quizás la indudable certeza que todos tenían algo en común. No era aquel reino lo que los hacía parecerse sino la fuerza que sus almas recibieron de los días que nadie se atrevería a recordar ahora.
Claudia era joven cuando pasó por las puertas de Charleroy, el viaje que la llevó en su encuentro con aquellos hombres era tan solo una línea en el libro de su vida. Entró sin ser vista, sembró la semilla del alba y se fue. Tiempo después se conoció que el Rey de Alijas fue el responsable de que aquella joven penetrara las murallas del reino y cometiera semejante osadía. Nadie comprendió por qué.
Todos presenciaron como la semilla creció aceleradamente hasta convertirse en un hermoso árbol de incontables pies de altura, de exquisitos frutos e inimaginable hermosura. Allí estaba: algunos lo admiraban cuando el sol del verano les hacía reposar bajo sus hojas, otros se abrigaban del frió entre sus ramas, otros simplemente se paraban a admirarlo. Y qué de aquellos que le leían y le cantaban? Malditos espejos que hacían recordar que todos huyeron en algún momento de aquel lugar. Y entonces se hacia menos pesada la culpa para los hijos de Charleroy.
La Princesa Estela, por su parte, solo era una más de las admiradoras de aquella obra de la naturaleza. Se sentía especial al andar por aquellos prados de pasto verde con sus pies descalzos con la seguridad de que su delicada piel nunca iba a ser quemada en verano por los rayos de sol. Cómo lo sería si las gigantes hojas tapaban el camino que ella recorría?
Oh, pequeña! Que hermosos días, infinitamente más hermosos que aquellos otros.
Y para entonces nadie imaginó que la Gran Guerra se acercaría.
Oh! Charlerianos ...
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